lunes, 20 de julio de 2009

COLECCIÓN BASSAT II – EL CLASICISMO DE LA VANGUARDIA CATALANA DURANTE LOS AÑOS 70


NOTA:
Ruego al amable lector acepte mis disculpas por la mala calidad de las fotografías ofrecidas, pero el mismo día de la inauguración mi cámara se estropeó y me vi obligada ha hacer las fotos con la cámara del movil, la cual, evidentemente, no muestra la nitidez necesaria. Gracias por su comprensión.

Las salas de exposiciones de Can Palauet – C/ Palau, 32 de Mataró - presentan hasta el próximo mes de septiembre, parte de la colección de la Fundació Carme i Lluís Bassat, que proximamente pasará a del futuro Museo de Art Contemporani de Catalunya, con sede en la capital de la comarca del Maresme.
Bassat, más conocido por su actividad publicitaria, al ser dueño de la agencia publicitaria Bassat & Ogilvy, que en su momento participó con gran exito en organizar las campañas de los JJ.OO Barcelona 92 y la Expo-Sevilla de ese mismo año, es también un gran coleccionista de arte. En 1973 su afición a la pintura le llevó a adquirir buena parte de la Galeria Adrià de Barcelona.

Figures dels anys 70, muestra un total de 23 obras de gran formato de autores pertenecientes a la vanguardia de los setenta como fueron: Eduard Arranz Bravo, Francesc Artigau, Rafael Bartolozzi, Gerard Sala, Xavier Serra de Rivera y Miquel Vilà.

Núria Poch, comisaria de la muestra, explica en el catálogo de la misma las distintas tendencias pictóricas de cada artista: La “nueva figuración” de Arranz Bravo y Rafael Bartolozzi, heredera de Francis Bacon “en la contorsión de los cuerpos y en la deformación de los objetos”.

“La visión irónica de la vida cotidiana” que mostraba Francesc Artigau, gran dibujante y continuador del pop art. “Hacía especial hincapié en la temática de escenas urbanas, domésticas o eróticas, donde su personal utilización del color y de la ironía, conducían con frecuencia al hecho grotesco”.

Según la opinión de Núria Poch, “Gerard Sala creaba una pintura con superposiciones y relieves, utilizando materiales como el aluminio, a caballo entre el informalismo y el pop”.

Y con respecto a Xavier Serra de Rivera y Miquel Vilà, “desarrollaron un lenguaje propio, original y con referencias al mundo onírico”.

En total coincidencia con el criterio de Poch, Figures dels anys setanta. Col·lecció Bassat II es más que una colección de arte. Es una crónica pictórica de estilos, temáticas y técnicas, de talante absolutamente idealista, que el paso del tiempo ha relegado a un cierto olvido, arrastrada por tendencias de un arte emergente, que en ningún caso tiene la solidez de la contemporaneidad de los años setenta, y la osadía que representaba creer que los cambios eran posibles y poder plasmarlos a través de formas deformadas o figuraciones existentes sólo en la imaginación del artista, dando al cromatismo una fuerza y energía avasalladoras.

A través de espacios y volúmenes, en muchas ocasiones inverosímiles se proyectaban innovaciones constantes, permitiendo estar a la altura de los mayores movimientos artísticos internacionales, plantando cara a la tradición establecida.
Figures dels anys setanta. Col·lecció Bassat II es la representación de toda una época, donde una nueva sociedad reclamaba su lugar, y supo dar a estos artistas, a veces por motivos económicos, otros por querer destacar socialmente, o simplemente creer firmemente en ellos, un valor que a muchos les permitió salir de las fronteras del estado.

Son obras donde, a través de sus pinceladas puede observarse la ILUSIÓN, no exenta de crítica, reflejada especialmente en la intensidad de los colores. Una forma de expresar vida y libertad, a través de la CREATIVIDAD. El espectador sensible se dejará llevar por el placer de los sentidos visuales, quedando cautivado por el magnetismo de las obras, por la imaginación temática, como por la forma de entender el surrealismo, el informalismo, el pop art o la figuración.

No hay duda que de estamos ante una exposición catalana. Las formas artísticas tenían distintos criterios en el resto de España. Cataluña se encontraba en un momento de esplendor económico, siendo líder en muchos ámbitos.

Pero el tiempo ha transcurrido y Cronos se muestra implacable e inflexible. Si un cuadro del Barroco o del Renacimiento permanece en el tiempo debido por la consagración que del mismo se hace a través de museos, galerías o subastas, obligando al dios del Olimpo a traspasar la barrera de los siglos, la Colección Bassat II, se encuentra envuelta en una dulce melancolía del cambio permanente, que supuso la década de los setenta. Es un retrato incuestionable de valores alterados, que han quedado relegados en el cementerio del olvido.

Es muy de agradecer a la Fundació Carme i Lluís Bassat su invitación, pues a través de su colección de cuadros, podemos despertar de la amnesia artística que el despotismo de Cronos ha sometido a los creadores de los años setenta.

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