miércoles, 19 de agosto de 2009

CENTRE D'ART CA L'ARENAS – CIERRE DE TEMPORADA












Des del pasado 10 de julio y hasta el próximo 27 de septiembre, el Centre d'Art Ca l'Arenas de Mataró – inaugurado con fecha 1 de julio de 2007, gracias a la cesión patrimonial de Jordi Arenas i Clavell, pintor, escultor y músico quien dejó en testamento a la ciudad su casa, actual sede del centro y buena parte de su fondo artístico, aproximadamente unas 6.000 obras – se exponen en sus pequeñas salas, cuatro muestras de estilos y temática absolutamente dispar: Fotografía (Ramon Manent – Interiors de culte), pintura al oleo (Jordi Arenas, records), formato audiovisual (Anja Krautgasser. Prologue & Prelude) y montaje fotográfico (Ita Puig, Percepcions i converses).

Tal como indico el concejal de cultura del Ayuntamiento de Mataró, y presidente del IMAC (Instituto Municipal de Acción Cultural), Sergi Penedés, en su discurso de presentación de las distintas muestras: “Ramon Manent retrata diferentes interiores en salas de culto de Cataluña, en la intimidad, a la búsqueda de la interioridad de las personas y sus distintas creencias. El espacio dedicado a Jordi Arenas nos muestra los retratos de la vida íntima de su familia. Anja Krautgasser, procedente de Viena nos presenta dos fotomontajes en instalaciones y finalmente Ita Puig combina texto e imagen ofreciendo versiones internas y externas, utilizando la mirada “voyeur” en el interior de las personas...”

De las cuatro exposiciones destacamos dos: Ramon Manent – Interiors de culte y Jordi Arenas, Records.

Ramon Manent (1948) fotógrafo de reconocido prestigio, especializado en fotografía artística, es autor de aproximadamente unas setenta publicaciones, entre las cuales destacan: Ceràmica catalana, Argenters i joiers de Catalunya (Plateros y joyeros de Cataluña), El Palau Güell o su obra más reciente Mirar Gaudí del año 2002.

De profesionalidad altamente demostrada, con dominio absoluto de encuadres, perspectiva, equilibrio entre luces y sombras, etc., nos muestra un conjunto de una quincena de fotografías, donde recoge momentos relacionados con el culto o la oración, en espacios tan diversos como una cartuja cisterciense, el monasterio de Poblet, la entrada a un templo ortodoxo, el momento de oración en uno budista, o un cementerio islámico, todos situados en Cataluña.

Su obra fotográfica muestra la complejidad, la diversidad y la riqueza de matices de distintas creencias, intentando captar la voz íntima de las personas que buscan espacios personales o poder expresar lo más profundo de si mismos.

No obstante, a pesar de ser ese el objetivo, la muestra es fría y distante, convirtiéndose en un simple sucesión de diversas imágenes, de gran calidad pero con gran falta de expresividad de la esencia artística, de belleza interior. La perfección técnica de Ramon Manent, aísla cualquier atisbo del espíritu de la creatividad.

Como contraste, encontramos técnica y arte perfectamente combinados en los distintos dibujos y pinturas al oleo de la muestra dedicada a Jordi Arenas. Los Retratos, corresponden a su familia, centrándose principalmente en sus padres, tanto en su época de esplendor de personas pertenecientes a la alta burguesía, donde se denota elegancia y distinción, tanto en el posado como en los elementos que les rodean, especialmente en la madre, sentada en un confortable sofá de terciopelo rojo, y con armiño en sus manos. Unos retratos de principios de siglo realizados por Josep Ma. Recorder, en contraste absoluto con el retrato que realizó el propio Jordi Arenas en el año 1944, donde sin perder el señorio, sí se observa una pérdida de status económico.

La sobriedad de Recoder en contraste con la profundidad y el sufrimiento de Arenas, a base de jugar con claroscuros, destacando la figura materna, tanto en su rostro como en su vestido. Un retrato hermoso por la profundidad de sentimientos, como también lo es el dedicado a Dolors Feliu, criada de la familia. Una obra también de gran belleza donde se muestra sentimiento y sufrimiento, con detalles magníficos en el rostro de la anciana, un trazo preciso y al detalle en sus manos, deformadas por la edad y la artrosis.

Finalmente, destacar los dibujos situados dentro de la vitrina de concepción sublime en cuanto a trazo, elegante y firme. Un estudio sublime de la expresión para retratar la cotidianidad de la familia, especialmente en el dulce momento de la somnolencia que se produce después de una comida, y donde más vulnerables podemos ser.

Belleza y técnica combinados con calidez, con profundidad de sentimientos para mostrar la la magia del alma que no se ve, y del esplendor latente del paso del tiempo.

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