martes, 15 de septiembre de 2009

EMÍLIA DE TORRES: VITALIDAD, SENSIBILIDAD Y POTENCIA EXPRESIVA












Des del pasado 9 de mayo al 28 de junio, el Museo de Mataró acogió en sus salas la antológica: Emília de Torres, la força amagada, en un merecido homenaje a esta artista, con más de noventa años a sus espaldas, y con la vitalidad y la creatividad intactas, a pesar de los achaques de la edad.

Retratos, auto-retratos, desnudos, paisajes, bodegones y dibujos mostraron al visitante buena parte de su trayectoria artística, permitiendo ver una clara evolución des de sus orígenes hasta la actualdiad.

A nivel de datos biográficos, De Torres ingresó en 1942 en la escuela superior de Bellas Artes de Sant Jordi, (Barcelona), licenciándose en 1947 y obteniendo el título de profesora dos años más tarde. Durante medio siglo fue diariamente al Reial Cercle Artístic de Barcelona, donde dibujaba a modelo, lo que le valió en su momento ser proclamada miembro de la Junta Directiva de esta entidad.

Tal como indica Raquel Medina, en el catálogo de la muestra, “su concepción del dibujo no se limita a los apuntes, sino que es enormemente amplia y mezcla un dominio magistral en diferentes técnicas como el lápiz, el carbón, tinta, ceras... Cultivó todas las temáticas en cuanto a pintura, pero siempre por encima de las limitaciones del concepto de género... La solidez de los volúmenes en las naturalezas muertas o en la estructura de los paisajes, la firmeza del toque del pincel y el audaz pero armonioso tratamiento del color, demuestran en Emília de Torres, una asimilación inteligente y muy personal de lección de impresionismo, post-impresionismo y fauvismo...”

De Torres es una mezcla de estilos y en cada uno de ellos sobresale “Cum Laude” por su atrevimiento, por su propia identidad, por su creatividad en cascada: del paisaje hace figuración y de la figuración paisaje.

En sus retratos, no tan solo se percibe la persona , sino que se puede entrever un particular análisis que la artista hace de la misma o modelo. Nos muestra peculiaridades con tonos y toques expresionistas sólo captados por su sensibilidad. No sólo es pincelada, sino de un cromatismo intenso y potente, lleno de diversidades aplicado en la naturaleza de la persona retratada.

Ella misma es un perfecto ejemplo de evolución personal como pictórica, incluso de modas y formas de vestir.

Sus desnudos son reales, sin buscar sublimidad ni el encanto de bellas formas femeninas. De Torres pinta a una mujer natural, sinuosa de formas y sensual. Retrata a la mujer, sea de campo o urbana, envolviéndola en aguas voluptuosas, mostrando el elemento acuático como creación y vida en una mujer.

Su paisajismo está lleno de encanto, y a la vez, de una extraña magia que la intensidad de cromatismos especialmente en los verdes – fauvismo – permite atraer poderosamente la atención. “La naturaleza imita el arte”, dijo una vez Oscar Wilde, y Emília de Torres se impregna de una entorne, transmitiendo a la tela, con virtuosismo innato y combinando el color, paisaje, espacio y perspectiva.

Sus bodegones son de una sencillez extrema, pero de luminosidad exquisita. Llenos de vida a pesar de ser “naturalezas muertas”. Son obras simples, sin complejos, experimentando a la vez colores y sensaciones visuales.

En el dibujo, firmeza y equilibrio, curiosidad por la experimentación con vista de artista, quedan reflejados en sus carboncillos, ceras, etc. Estudios llenos de vigor y de rigor, con habilidad en su mano y cierta dosis de ironía.

Verdaderamente fue una muestra única, sin límites para una artista cultivada, exquisita, vital, positiva, de gran sensibilidad y firmeza en sus convicciones artísticas, libre de corsés academicistas, pero con solida base de estudio, imaginación y profesionalidad.

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