miércoles, 2 de junio de 2010

EL PERFUME, LA SUBLIMACIÓN DEL ARTE




Para el común de los mortales, el concepto de arte se asocia directamente y sin titubeos a la pintura, la escultura, la arquitectura o incluso a la interpretación. Si bien en estas áreas, el ser humano ha llegado a alcanzar altisímas cotas de belleza y perfección, el perfume podría considerarse la quintaesencia de todas las artes, al conjugar la precisión científica en la mezcla de aromas y esencias, con la expresión de algunos conceptos artísticos como: armonía (equilibrio en el que las partes se subordinan al todo), cosmos (orden bello) luz y esplendor (manifestación de la belleza espiritual) y sublimidad (representación material de la belleza divina.

Los hermanos Francesc de A. Planas y Ramon Planas, propietarios de la Perfumería RegiaPasseig de Gràcia, 39 de Barcelona, supieron captar a través de su establecimiento, el concepto más sinfónico y más espiritual del perfume, palabra procedente del latín (per-fumum) que significa humo o vapor . Su interés, hasta convertirse en pasión llegó hasta tal punto que en 1961 pusieron en marcha el actual Museo del Perfume (http://www.museodelperfume.com/), emplazado en un apartado interior de las instalaciones de Perfumería Regia.

El visitante curioso, amante especialmente del arte se siente inmediatamente atrapado por la magia y el hechizo de los cerca de 5.000 frascos de cristal, cerámica, alabastro, ungüentarios, balsamarios, esencieros, pot-pourris, estuches, cajitas y un sinfín de envases, la antigüedad de algunos de los cuales se remonta al Egipto del III milenio antes de Jesucristo, durante el reinado del faraón Amenofis I, aunque el conjunto de piezas más antiguo pertenece a las civilizaciones de Grecia y Roma, sin olvidar recipientes de origen árabe, una colección de esencieros de los siglos XVII al XIX, o el frasco “Le Roi Soleil” que fue diseñado por Salvador Dalí.
La fascinación ejerce su poder más absoluto, al recorrer el camino de la historia a través del preciosismo de muchos de los frascos que el museo exhibe. Infinitas formas dan cabida al esplendor que sólo la civilización, es decir, el estudio y el conocimiento, han logrado contener. Todas las culturas avanzadas utilizaron perfumes para distintos fines. Unos fueron religiosos, ofrendas a los dioses y a los muertos, etc., y otros para embellecer y hacer más atractivos a los vivos, especialmente a las mujeres.

Gracias al Museo del Perfume, puede ser comprobada la evolución del gusto y criterios femeninos, resaltando hasta hace pocas décadas el misterio, la sofisticación, el glamour, la delicadeza, la elegancia, la distinción... aquel concepto casi inmaculado proporcionado por Dante a través de Beatrice, quien conduce al protagonista al Paraíso en su obra La Divina Comedia, hasta la mujer de hoy, independiente, con capacidad y dominio, apta para la dirección, más práctica, menos refinada y chic debido en parte a la duplicidad de tareas laborales y domésticas, lo que en la mayoría de casos provoca que dedique menos tiempo si misma, a pesar de los avances tecnológicos y de otras teóricas facilidades.

El perfume, fue y es creado generalmente por hombres, y destinado a las mujeres. Así lo recoge el Museo del Perfume, por lo que resulta curioso observar el escaso interés, hasta hace menos de un cuarto de siglo, por la perfumería masculina, de la cual las instalaciones museísticas disponen de algunas marcas y frascos.

También resulta interesante comprobar como los creadores de envases, conocedores de los cambios producidos en la mujer a lo largo del siglo XXI, curiosamente vuelven a las raíces greco-romanas, imitando con diseños contemporáneos botellas, balsamarios y esencieros de los siglos I y III de nuestra era, lo que les permite estar a la vanguardia, gracias a los conocimientos de antiguas civilizaciones.
Pero sin duda alguna, la inspiración en la fabricación de aromas, va íntimamente ligada al poder de seducción de los envases que las contienen. Así, de la mano de creadores de botellas como George Chevalier, contratado en la década de los años veinte por la fábrica de vidrio Baccarat, y que diseño de envases para Guerlain, Dior, LT Pivert, Patou, Elisabeth Arden, o el famoso perfume Nº 5 de Chanel, Paul Iribe, diseñador de los frascos de Jeanne Lanvin, o la impactante botella de coñac del Carnet de Bal, creada por Reveillon, y la siempre emblemàtica Trésor de Lancome, creada por George Deslhome, el perfume llega a las perfumerías para ser expuesto en todo su esplendor y exhibido como una auténtica joya del arte.

No es posible abandonar la visita del Museo del Perfume, sin dejar de prestar especial atención a los exquisitas polveras o cajitas para jabón donde la imaginación se desbordaba en honor a los contenidos, y donde el arte del dibujo y los materiales empleados muestran gran magnificencia, ni a la curiosa e interesante col·lección de miniaturas.

El Museo del Perfume de Perfumeria Regia, de carácter privado pero con vocación de conocimiento público, realiza una gran y a la vez callada labor pedagógica en pro del Arte y de la Historia. Un ejemplo que muchas instituciones oficiales deberían seguir.

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