martes, 7 de septiembre de 2010

UNA ATRACTIVA ANTOLÓGICA DEDICADA A SALVADOR PUJOL






Por norma, cuando se presenta una exposición retrospectiva, ésta suele exhibirse en gran formato, y con la magnitud correspondiente, pues según la edad del artista y su trayectoria profesional, la muestra puede ser abrumadora. No obstante, ello no significa forzosamente que el carácter y el interés de la obra expuesta sean grandes, pues la vida artística, como la de todo ser humano, tiene sus altibajos. En más de una ocasión, poca cantidad y bien escogida también permiten formar una digna exposición antológica.


Joan Fàbregas y Daniel Cabrera, los propietarios de Gal-Art, situada en la ronda O’Donnell, 89 de Mataró, http://galeriadearteantiguedadesycolec.blogspot.com/ tienen este concepto muy claro, pues las dimensiones de su galería en un principio, pueden condicionar sus exposiciones, pero en la práctica, permiten escoger con propiedad, atención y calidad. Y así lo han demostrado con Penúltima, una pequeña retrospectiva dedicada a Salvador Pujol, que a sus 79 años, todavía permanece en activo, dentro del mundo del arte local.


Las referencias pictóricas más conocidas de Salvador Pujol, siempre se han centrado en el paisaje, especialmente el natural, gracias a sus viajes a diferentes países. Y si bien hay que reconocer que su paisajismo es extremadamente compacto, de perspectiva y espacio comprimido, utilizando una paleta muy trabajada, demasiado consistente, dando todo ello lugar a la expresión de una obra demasiado teatral, la selección de trabajos que presenta en Penúltima, rehuye en buena medida de esta visión, pues muestra al espectador una obra luminosa, profundamente mediterránea, dando lugar a un paisaje urbano, donde la serenidad y el sosiego fluyen a placer. Su cromatismo juega con tonos suaves y muy cálidos, y como siempre, con un trazo pequeño, cuidado y perfilado.

Sin duda alguna, la obra de Pujol es de fácil observación, sin obstáculos psicológicos ni significaciones ocultas, decorativa y plácida.
Pero si el espectador es curioso, no dejará de observar que la soledad es el común denominador en Penúltima; el de una cashba en Marruecos, una fuente en el paseo del Callao de Mataró, Cala Bona en la Costa Brava, unas barcas varadas, el vacío de unas calles... aunque unos balandros navegan a toda vela en la oscuridad, iluminados por sus propios reflejos.Una exposición que exhibe una obra de diversas épocas, concisa y explícita, bien seleccionada, que, sin olvidar su particular paisajismo, ofrece una imagen de plenitud pictórica, bastante desconocida, permitiendo que el visitante se adentre a la contemplación de la vida, a través del entorno, que no de la existencia humana.

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